lunes, 12 de marzo de 2012

Una Málaga segundona

12.03.12 - 01:29 -Sur CURRO TROYA

Con el inicio de la campaña electoral andaluza hemos podido ver días atrás al líder popular Javier Arenas ofrecer al alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, «un trato especial». La declaración del candidato a la presidencia de la Junta no significaría otra cosa, si ganara las elecciones, que el desarrollo de una ley denominada de capitalidad que se traduciría en facilitar ingresos adicionales para el Ayuntamiento hispalense. Se trataría, en definitiva, de 'desagraviar' a una ciudad que 'arrastra' la 'penosa' carga económica de ser la capital administrativa de la comunidad autónoma ¡Con un par!
Tan simple apuesta significará que aumentan los privilegios capitalinos en detrimento de una Málaga, también postergada políticamente con los socialistas en el Palacio de San Telmo, si finalmente se hiciera posible la presidencia popular. Con el agravante singular de que mientras los socialistas sí cimentaban sus triunfos electorales en la plaza sevillana, los populares lo harían gracias a la 'periferia' malagueña o almeriense.
El 'señoritismo sevillano' como filosofía de liderazgo en los grandes partidos andaluces no solo ha conseguido relegar a un segundo plano al resto de ciudades de la comunidad, sino a los disminuidos líderes locales que practican de forma reiterada el seguidismo político como forma de sumisión jerárquica o de supervivencia personal sin que haya réplica pública alguna (mucho menos orgánica); y con ello, en definitiva, a los ciudadanos que no nacimos o vivimos a la sombra de la Giralda.
En nuestra Málaga segundona nada se ha dicho aún tres días después de que Arenas lanzara la propuesta de privilegiar a los sevillanos, lo que pudiera comenzar a entenderse como el inicio de la claudicación de nuestro alcalde a sus demandas frente al Gobierno autonómico.
Como mi amigo Rafael Atienza exclamaba un día, sería ingenuo esperar que Sevilla entre en el siglo XXI o en tan siquiera el XX; nos conformaríamos casi con que lo hiciera en el XIX. Pero que lo haga ya. Y que con ella entren estos políticos que aún viven la ensoñación de la metrópoli de ultramar. El resto de Andalucía no debe ser una segundona cómplice.

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