martes, 19 de junio de 2012

ESTE ES EL MOMENTO DE QUE LA REGIÓN DE MÁLAGA RESURJA

Isabel García, nos envía el siguiente escrito, donde resume de un golpe las claves del fracaso de la junta inventada para engrandecer Sevilla.
El sueño localista y centrípeto de Felipe González y Alfonso Guerra ha llegado al borde del abismo. MÁLAGA NECESITA SALIR DE ESTE INVENTO PARA NO ESTRELLARSE.



La administración autonómica tiene el interés de acercar la administración al ciudadano para mejor conocimiento de sus problemas y diseñar así soluciones más próximas y eficaces. En un mundo globalizado, los gobiernos centrales están absorbidos por la búsqueda de soluciones a los problemas surgidos de los nuevos retos globales y, por lo tanto, se hace más necesario que nunca un nivel administrativo que puede ocuparse de los problemas locales. Este nivel administrativo no debe suponer un coste extra pues el gasto de sostenerlo debe quedar compensando con las ventajas y beneficios de una gestión más eficaz de los recursos a escala local. Hasta aquí todo parece una milonga celestial, porque la aplicación práctica que se ha hecho en España de este enfoque parece contradecir el argumento anterior. El problema surge porque en España, para saciar los egos de ciertos nacionalismos sin crear agravios entre los territorios españoles, se optó por crear una nación de naciones, engendrando una serie de mini-estados dentro del estado, con costosas estructuras de gobierno, instituciones duplicadas, administraciones paralelas, competencias superpuestas, lo que ha provocado que las ventajas de la administración cercana desaparezcan por la ineficacia y la inviabilidad financiera de este modelo. En algunos casos –Andalucía, por ejemplo- esta estructura autonómica no ha servido para los propósitos que la justificaron, de forma que la región no ha encontrado soluciones a los problemas endémicos que la caracteriza (alto nivel de desempleo, estructura productiva deficiente, falta de estímulos para el emprendimiento,…). El elevado coste y la ineficiencia en el uso de los recursos públicos por parte de este modelo autonómico han hecho que los únicos progresos visibles en materia de infraestructuras sólo hayan sido posibles gracias a transferencias de capital exteriores (ayudas de la Unión europea y de otras autonomías a través del fondo de compensación interterritorial), lo que es una muestra de que la presente vía autonómica no ha sido capaz de gestar en 30 años una dinámica de creación de riqueza que permita, no ya de solucionar, sino incluso de paliar esos problemas endémicos. Para la región de Málaga, el modelo autonómico andaluz ha supuesto un freno adicional, dado que al crearse una estructura administrativa adicional a las ya existentes, ésta ha absorbido para su mantenimiento parte de los recursos que hubieran debido servir a las soluciones, al tiempo que ha cercenado iniciativas que hubieran dado a nuestra región malagueña una mayor capacidad de generación de riqueza, de haber tenido una estructura de decisión propias. Para mayor drama, los años de bonanza económica que se tendrían que haber aprovechado para sentar las bases de un nuevo modelo productivo, se han malgastado en crear una falsa ilusión de riqueza basada en la construcción especulativa, que además ha conllevado corrupción y grave deterioro de paisaje urbanístico costero. El resultado actual no es sólo la pobreza, el paro y la marginación de buena parte de nuestra sociedad, sino la vuelta a la emigración de buena parte de nuestra juventud mejor formada.

En estos momentos de aparente agotamiento del modelo autonómico actual y ante su más que probable inviabilidad financiera a medio-largo plazo, puede que haya llegado el momento de que la Región de Málaga emerja como un modelo alternativo a este descalabro. Hay que empezar por mostrar al ciudadano que no se trata de constituir una autonomía más al uso de las que tenemos en la actualidad, que no seria aceptada por la ciudadanía, sino que es necesario salirnos de este desaguisado ruinoso y sin futuro y ver si es viable ofrecerles una estructura propia de gestión para nuestra región malacitana que sea simple, “económica” y, sobre todo, eficaz. Este es el reto que tenemos por delante.

Isabel Garcia

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